17 de septiembre de 2019
14 de noviembre de 2014

Cuatro años de prisión por abusar mientras dormía de una joven invitada a una barbacoa en su finca

SANTANDER, 14 Nov. (EUROPA PRESS) -

La Audiencia de Cantabria ha condenado a cuatro años de cárcel a un hombre de 57 años que abusó sexualmente de una joven de 25 mientras ésta dormía en su finca, después de una barbacoa a la que había sido invitada junto a su pareja y otros amigos.

En una sentencia, difundida este viernes, la Sección Tercera considera a Francisco Javier U.P. responsable de un delito de abuso sexual, y tiene en cuenta el estado de embriaguez que presentaba cuando ocurrieron los hechos, en septiembre de 2012, como atenuante, de modo que le condena a cuatro años de prisión, dos menos de los que solicitaban la Fiscalía y la acusación particular, que inicialmente solicitaba ocho, pero que rebajó en dos tras el juicio.

Además, el acusado deberá indemnizar a la víctima con 3.000 euros por la secuela de estrés postraumático y 4.000 por los daños morales causados, es decir, 7.000 en total, por encima de los 6.000 euros que pedía el Ministerio Fiscal y los 12.000 solicitados por la acusación particular.

Según el fallo de la Audiencia, recogido por Europa Press, el 5 de septiembre de 2012 Francisco Javier U.P. organizó una barbacoa en una finca de propiedad en Miengo, a la que había invitado a amigos y conocidos (entre ellos la víctima y su pareja) y que se prolongó hasta la mañana del día siguiente.

A lo largo de la noche, el acusado tuvo que abandonar su propiedad en al menos una ocasión, para atender un aviso de urgencia que requería sus servicios como cerrajero.

Por su parte, sobre las cuatro de la madrugada la víctima decidió acostarse, usando el dormitorio habilitado en un módulo de obra en el interior de la finca que el dueño de la misma había ofrecido a la pareja.

La chica dispuso la cama nido de dicho dormitorio de forma que quedaron juntos y a la misma altura los dos colchones de los que disponía el mueble, se acostó y se quedó dormida. Por su parte, su pareja siguió despierto hasta las ocho de la mañana, cuando se dirigió junto con el acusado a un bar cercano a desayunar, regresando a continuación a la finca.

Al llegar, coincidieron con uno de los invitados, que había quedado con el novio de la víctima para que le ayudase en su estabulación, de modo que ambos se marcharon y no regresaron a la finca.

Mientras, el dueño de la propiedad se introdujo en el módulo para acostarse en el sofá ubicado en la estancia destinada a salón, abriendo antes la puerta del dormitorio en el que estaba la chica.

Al observar que la joven estaba profundamente dormida y con su cuerpo ladeado hacia la pared, se tumbó junto a ella, y le introdujo la mano bajo la sudadera, desatándole el sujetador del bikini y tocándole los pechos. A continuación, metió la mano bajo el pantalón de la mujer y le tocó la zona genital, llegando a introducirle un dedo en la vagina.

La chica se giró con los ojos cerrados hacia el hombre, pesando que los tocamientos se los hacía su novio, y el acusado aprovechó entonces para besarla. En ese momento, la chica se percató de que no era su pareja quien estaba acostado con ella, y empujó al acusado fuera de la cama, observando como tenía los calzoncillos bajados y el pene erecto. También recriminó su actitud a Francisco Javier U.P., diciéndole que "podía ser su hija", a lo que él replicó a la mujer que "no fuese egoísta".

A continuación, la joven le insultó y abandonó el módulo, cogió su coche y se fue del lugar. Pero, a los pocos instantes, decidió volver para buscar a tres amigos que habían dormido en una tienda de campaña instalada en la finca, a los que despertó a gritos y contó lo sucedido. Éstos, tras recriminar al propietario su actitud, abandonaron el lugar en el coche de la chica, y se dirigieron a casa de otra pareja que había sido invitada a la fiesta.

Allí, la joven volvió a contar lo ocurrido, y avisaron entonces a su novio, que se personó en el lugar y llamó a la Guardia Civil. Los agentes remitieron a la mujer a un centro de salud y localizaron al sospechoso, al que citaron en Torrelavega para su detención.

A raíz de estos hechos, la víctima padeció un trastorno de estrés postraumático que precisó tratamiento mediante psicofármacos que continúa tomando en la actualidad. Por su parte, en el momento en el que sucedió todo, el acusado tenía sus facultades intelectivas y volitivas ligeramente limitadas por el consumo de cerveza y hachís.

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