7 de diciembre de 2019
  • Viernes, 6 de Diciembre
  • 19 de noviembre de 2019

    El libro 'Tota la veritat' rechaza que el 1-O lo hizo la gente: "Lo defendió la gente. Lo organizó el Govern"

    Ahonda en la desconfianza de ERC y PDeCat y la marcha Puigdemont a Bruselas sin decirlo a los suyos

    El libro 'Tota la veritat' rechaza que el 1-O lo hizo la gente: "Lo defendió la gente. Lo organizó el Govern"
    Autores del libro 'Tota la veritat' - ARA LLIBRES

    BARCELONA, 19 Nov. (EUROPA PRESS) -

    Los seis periodistas que firman el libro 'Tota la veritat' (Ara Llibres) han hecho públicos detalles en torno al 1-O en base a 100 entrevistas con los implicados demostrando que requirió de una preparación milimétrica.

    "Decir que el 1-O lo hizo la gente es un poco frívolo. El 1-O lo defendió la gente, pero quien lo organizó es el Govern a través de lo que se llamó el Estado Mayor", ha explicado este martes uno de los autores, el subdirector de Nació Digital, Ferran Casas, en la presentación del libro.

    "El 1-O fue un elemento cocinado en secreto. Por eso fue exitoso, por eso no se pudo desmantelar. Se hizo en compartimentos estancos", añade el jefe de política de Efe, Roger Mateos, mientras que su homólogo en el Ara, Gerard Pruna, considera que han realizado un retrato que no es complaciente y puede que guste o no a sus protagonistas, pero espera que todos ellos se reconozcan en él.

    'Tota la veritat' es el trabajo de investigación periodística que durante dos años realizaron los periodistas Ferran Casas (Nació Digital), Odei A.-Etxearte (VilaWeb), Marc Martínez Amat (Rac1), Roger Mateos (Efe), Gerard Pruna (Ara) y Neus Tomàs (eldiario.es) para desvelar los entresijos de uno de los periodos más convulsos de la política catalana: la preparación del 1-O, su puesta en marcha y la imposibilidad de hacer efectivo su resultado.

    Los autores describen cómo la marcha del expresidente Carles Puigdemont no estaba acordada; y relatan que el fin de semana tras declarar constituida la república independiente catalana, el mensaje del entonces presidente es que el lunes los consellers acudan a sus lugares de trabajo para mostrar "normalidad".

    Tras la declaración del Parlament aprobada --que incluye la proclamación en la exposición de motivos que no se somete a votación-- el 27 de octubre, los miembros del Ejecutivo de Puigdemont, excepto Oriol Junqueras y Carles Mundó, se instalan en la comarca francesa de Conflent a la espera de órdenes, mientras el presidente se reúne en Vilaür (Girona), a 40 kilómetros de la frontera, con la secretaria general de ERC, Marta Rovira.

    El mensaje de Puigdemont es mostrar normalidad pese al 155 que ha despojado al Govern de sus funciones, y, como muestra de ello, explica a Rovira que el domingo él acudirá al estadio de Montilivi, donde Girona FC y Real Madrid juegan un partido de Liga, y el lunes se personará en la Generalitat, como un día cualquiera; un plan que también transmite en la sobremesa de una comida con Josep Rull y Jordi Turull en Sant Julià de Ramis (Girona); pero no llegará a suceder.

    Asesorado por un experto en seguridad, ese mismo domingo Puigdemont coge un coche que le llevará directamente a Bruselas, generando el desconcierto en su gabinete, que tiene otras indicaciones, lo que provoca que unos sigan su ejemplo y otros decidan seguir con el plan previsto, como Rull y Junqueras, que acuden el lunes a sus respectivos departamentos.

    EL ESTADO MAYOR

    El libro ahonda en la desconfianza entre los actores implicados en el referéndum y explica la labor del denominado Estat Major, el órgano de dirección paralela encargado de abordar la logística y la estrategia para hacer posible el referéndum, y que hizo de puente entre las formaciones que integraban JxSí --ERC y PDeCAT--, formado por Puigdemont, Junqueras y exdirigentes y personas con vinculación a los partidos implicados.

    Además, relata que cuando este órgano, que se quería clandestino, vio la luz en los medios de comunicación, se señaló al exconseller Francesc Homs como el responsable de la filtración "a partir de una deducción imprecisa", aunque a lo largo de la existencia del Estat Major se constata como la desconfianza nunca llega a superarse entre los socios del Govern.

    También se explica con agilidad los pasos que se llevaron a cabo para conseguir las urnas --compradas por un particular en china y que lograron sortear el control del Gobierno central--, las papeletas y los censos; cómo un grupo de hackers se instala en la Generalitat para encargarse de la logística informática, mientras la Guardia Civil centra su investigación en el Centre de Telecomunicacions i Tecnologies de la Informació (CTTI) y el 'call center' para disipar dudas durante el 1-O que también se instala en el Palau de la Generalitat.

    EL ÚLTIMO GIRO DE PUIGDEMONT

    Se desvelan conversaciones entre los que estaban al tanto de la preparación de la consulta y de éstos con los representantes del Gobierno central antes, durante y después del denominado choque de trenes; cómo Puigdemont dejó su móvil en un coche mientras cambiaba de vehículo para eludir el seguimiento que le hacían y poder votar el 1-O, y cómo el expresidente cambió de opinión el 27 de octubre, no convocó elecciones y decidió proclamar la república.

    En ese capítulo se revela que la noche del 26 a las 02.00 de la madrugada, cuando Puigdemont concluyó que adelantaría los comicios, Junqueras le dijo: "Si lo tienes que hacer hazlo ya", y, cuando el entonces presidente iba a firmar el decreto de disolución del Parlament, el exconseller Santi Vila le dice que no es estético hacerlo de madrugada, lo pospone y, al día siguiente cambia de opinión cuando los republicanos filtran que se lo está pensando.

    Otro de los múltiples detalles que saca a la luz la investigación periodística concreta que ese día, antes del pleno del 27 de octubre donde la fractura se plasma en la parte dispositiva de una resolución parlamentaria, Puigdemont se reúne en secreto con un experto en relaciones internacionales que ha ido de público al pleno: "Le pide si considera que Bélgica es un buen sitio para exiliarse".

    Ya desde el extranjero, concretamente en Berlín, el libro expone cómo el expresidente, tras varios plenos de investidura fallidos, señala por videoconferencia a su sucesor, Quim Torra --al que propusieron ir en la lista de ERC y que pidió ir más arriba en la lista de JxCat--; en la recámara por si Torra rechazaba el encargo estaba el actual conseller de Interior, Miquel Buch, hoy en tela de juicio por propios y extraños: "Si Torra hubiese dicho que no, habría sido él. Se quedó cerca del cargo".

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