24 de noviembre de 2020
24 de agosto de 2006

El doctor Antonio López Alonso denuncia en un libro el "asesinato" de Miguel Hernández en las cárceles franquistas

Se trata de una patografía en la que el autor traza una teoría médica sobre la muerte del escritor, a causa de la tuberculosis

MADRID, 24 Ago. (EUROPA PRESS) -

Coincidiendo con el 70 aniversario del asesinato de Federico García Lorca, se ha abierto el debate sobre el proceso de enfermedad y muerte de otro icono de la cultura española del siglo XX, Miguel Hernández, quien murió en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942. El poeta sufrió un proceso de torturas en las cárceles franquistas basado en el hambre, la sed y la falta de higiene que le llevó a la muerte según concluye el catedrático de Medicina Antonio López Alonso en su libro 'A Miguel Hernández lo mataron lentamente' (Ediciones Irreverentes).

Se trata de una patografía en la que el autor traza una teoría médica sobre la muerte del escritor, a causa de la tuberculosis. López Alonso ha utilizado para escribir esta obra la correspondencia privada de Miguel Hernández, información de revistas especializadas, publicaciones sobre la biografía de Hernández y la documentación médica existente sobre la enfermedad.

Este libro recoge citas de Miguel Hernández como aquella en la que, viéndose la cabeza llena de excrementos de ratas, dijo: "¡Qué poco vale uno ya! Hasta las ratas se suben a ensuciar la azotea de los pensamientos. Esto es lo que hay de nuevo en mi vida: ratas. Ya tengo ratas, piojos, pulgas, chinches, sarna. Este rincón que tengo para vivir será muy pronto un parque zoológico, o mejor dicho, una casa de fieras...".

NO PUDO VER A SU HIJO

El libro, avalado por la Fundación Miguel Hernández, denuncia las "condiciones infrahumanas" en las que el poeta estuvo en la cárcel, con unas pésimas condiciones higiénicas. Estaban tan hacinados, que los presos dormían los unos sobre los otros y a veces sucedía que al despertar, un preso descubría que había dormido sobre el cadáver de un compañero.

El título del libro evoca "una intención criminal en sus carceleros", como explica López Alonso. "He usado esta forma de expresar cómo se le destrozó la salud durante su paso por las cárceles franquistas en homenaje a lo que dijo Pablo Neruda cuando le preguntaron cómo había muerto Miguel Hernández, a lo que contestó que lo habían ajusticiado lentamente. Efectivamente, se dieron las circunstancias en las terribles cárceles de la posguerra para que Miguel Hernández muriera del modo más doloroso".

Para López Alonso, "lo más terrible fue que se le impidió ver a su hijo. Eso fue un sufrimiento terrible. Sólo pudo verle una vez, justo antes de morir, cuando el corazón casi ni le latía".

"HACINAMIENTO Y SUFRIMIENTO MORAL"

En los últimos días de noviembre de 1941, Miguel Hernández, ya en Alicante, enferma de tifoidea e ingresa en la enfermería del Reformatorio. López Alonso relata cómo le asiste el doctor José Mª Miralles, quien ante el cuadro diarreico intenso del poeta y la fiebre alta, asociada a un cuadro de intenso cansancio. En realidad, una vez superada la infección intestinal tifoidea, es cuando la tuberculosis pulmonar aguda hizo su aparición.

Miguel Hernández empezó a padecer tuberculosis a finales de noviembre de 1941. Lo que es claro es que los pocos años que transitó de una cárcel a otra, especialmente desde Palencia hacia adelante, sufrió una serie de condicionantes o factores exógenos que le hicieron padecer un cuadro infeccioso pulmonar no tuberculoso en Palencia, un probable cuadro bronquítico agudo en Ocaña, tampoco tuberculoso y una tifoidea en Alicante.

La tuberculosis pulmonar de finales de noviembre del 41, hay que enclavarla en ese contexto de presidiario, en un ambiente epidemiológico de hacinamiento, sufrimiento moral, espacio cerrado, y hambruna, que fueron minando poco a poco las defensas de Miguel hasta matarlo sin necesidad de fusilarlo, mantiene López Alonso.