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    Crítica de Invencible: Angelina Jolie y la dignidad

    Crítica de Invencible: Angelina Jolie y la dignidad
    UNIVERSAL

    MADRID, 25 Dic. (EUROPA PRESS - Israel Arias)

    Acercarse al nuevo trabajo de un personaje tan público y notorio como Angelina Jolie requiere un necesario ejercicio de abstracción al que no siempre estamos dispuestos. Los hay que se sientan en la butaca con el cuchillo entre los dientes prestos a destripar lo que a su entender no es más que el nuevo capricho de una celebrity pretenciosa. Los hay también -los menos, reconozcamoslo- que están entregados a la diva, dispuestos a agarrarse a lo que sea para aplaudir a rabiar el innato y comprometido talento de Angelina y las presuntamente ya contrastadas virtudes cinematográficas que la convierten en la gran directora del momento.

    Pues ni tanto, ni tan calvo. Invencible no es el calamitoso despropósito que quieren ver algunos, pero está también lejos de esa grandiosa y emocionante película que una historia tan extraordinaria e inspiradora como la de Louis Zamperini -contada con los medios de los que ha dispuesto Jolie- pudo ser.

    Niño inadaptado, atleta olímpico y héroe de guerra, la intensa vida de Zamperini, fallecido el pasado verano, ya fue carne de best seller 2010. Laura Hillenbrand puso negro sobre blanco la difícil infancia de este hijo de inmigrantes italianos, su casual encuentro con el atletismo, su participación en los Juegos Olímpicos de Berlín ante Hitler y su calvario durante la Segunda Guerra Mundial, primero sobreviviendo durante 47 días a la deriva en el Pacífico y después como prisionero de los japoneses.

    Una grandiosa historia que contaba además con la guinda de la redención, ya que años después de su liberación, Zamperini viajó hasta Japón para encontrarse y reconciliarse con sus captores.

    Basándose en ese libro, del que toma título, y con guión que firman Richard LaGravenese y -pásemense- los hermanos Coen, Jolie arma su segunda película como directora. Una cinta mucho más sólida que aquel desangelado debut que fue En tierra de sangre y miel pero en la que, tras un prometedor -e incluso brillante por momentos- arranque, Jolie cae en el oscuro pozo de la reiteración y satura su película de sufrimiento.

    Cuando los japoneses atrapan a Zamperini, al que da vida un notable Jack O'Connell, también confinan el relato y asistimos desde entonces a una sucesión de sádicas palizas y vejaciones que pronto resultan repetitivas y poco o nada interesantes. La descarada búsqueda de la lágrima y la épica y las forzadas referencias religiosas tampoco ayudan a que retomemos el interés por el apalizado, pero siempre inquebrantable, Zamperini y su infierno. La suya fue una historia digna como pocas de saltar a la gran pantalla y con ella Jolie firma una película también digna, pero que podía haber sido enorme.