17 de febrero de 2020
16 de enero de 2020

Crítica de Jojo Rabbit: Contra el odio y la estulticia, ingenio y corazón

Crítica de Jojo Rabbit: Contra el odio y la estulticia, ingenio y corazón
Fotograma de Jojo Rabbit - FOX

MADRID, 16 Ene. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

En estos tiempos de la piel fina, en los que la policía de lo correcto campa a sus anchas en redes sociales y tertulias televisivas y radiofónicas, Taika Waititi se atreve a desafiar al ejercito latente de censores especializados en matar moscas a cañonazos con 'Jojo Rabbit', una lúcida parodia sobre el nazismo en la que adapta muy libremente, como no podía ser de otra manera en el caso del neozelandés, el libro 'El cielo enjaulado' de Christine Leunens.

Pero además de un acto con un cierto punto, siempre controlado, de inconsciente arrojo -especialmente teniendo en cuenta que hablamos de un director metido en harinas marvelitas- 'Jojo Rabbit' es también una película deliciosa, ingeniosa y con un corazón enorme. El último trabajo del director de 'Lo que hacemos en las sombras' y 'Thor: Ragnarok' es un filme que, con el Tercer Reich como objeto de mofa y befa, tiene más de fábula que de sátira y, en consecuencia, resulta más entrañable que corrosivo.

Y es que, al aplicar su particularísimo punto de vista sobre una de las mayores tragedias de la historia, Waititi no busca saldar cuentas lanzando dañinos rejonazos aquí y allá. No, su objetivo es otro mucho más loable: desarmar el odio -en todas sus variantes y coartadas ideológicas- a través del humor delirante y la ternura. Dos ingredientes que llenan a rebosar este singular melodrama protagonizado por un mocoso ario hipermotivado y su ridículo Führer imaginario interpretado por el propio Waititi.

En su cruzada por constatar la estulticia del fascismo y su propaganda -la de antaño y la de ahora- el neozelandés apuesta por hacerlo fácil y bonito: estética 'wesandersiana', geniales insertos musicales y un bombardeo casi constante de gags sostenido por un puñado de geniales personajes -algunos absolutamente inolvidables, como el adorable Yorki o el alucinante Capitan Klenzendorf de Sam Rockwell- con los que es imposible no encariñarse. Es precisamente a través de ellos, y de su cándida incorrección, cómo 'Jojo Rabbit' consigue encontrar el refugio de la sonrisa en mitad de la tragedia.

Bienintencionada y ligera, 'Jojo Rabbit' es, pese a resultar algo irregular tanto en el plano emotivo como en el narrativo, un auténtico triunfo cinematográfico a la hora de acorralar el sinsentido y la ignorancia con la mejor de sus armas: esa sencilla pero a veces inalcanzable lucidez con la que solo los ojos de un niño son capaces de percibir la barbarie.