23 de marzo de 2019
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    Slash en Madrid: A su bola sin Guns n' Roses

    Slash en Madrid: A su bola sin Guns n' Roses
    ÓSCAR LAFOX / WIZINK CENTER

    MADRID, 14 Mar. (EUROPA PRESS - David Gallardo) -

    Mucho despistado en la noche de este miércoles en el WiZink Center de Madrid. Mucha camiseta de Guns n' Roses en una cita que solo contó con un disparo de la mastodóntica formación californiana en forma de un Nightrain que, como procede, partió la velada en dos.

    Pero es que, tras tres años girando por todo el mundo tras regresar a Guns n' Roses dos décadas después, Slash (Saul Hudson, Londres, 1965) está tan cansado como cualquiera de interpretar ese repertorio. Bueno, quizás sea, de hecho, el más aburrido de ello, pues el público ya se sabe que es insaciable y voraz con lo suyo.

    Y lo cierto es que Guns n' Roses han tocado solo en la capital en dos años ante 90.000 personas -55.000 en 2017 y 35.000 el pasado verano de 2018-, por lo que ahora se trata de degustar otra cara del icónico guitarrista de la chistera y la pelambrera, a su bola sin la banda nodriza y de regreso con sus compinches Myles Kennedy & The Conspirators.

    Una alianza ésta que anda por Europa ahora presentando su tercer álbum conjunto, Living the dream (2018), y centrándose en ese repertorio con guiños a sus obras anteriores: World on fire (2014) y Apocaliptyc Love (2012). Ni rastro de Guns n' Roses salvo ese Nightrain y ni rastro de otros proyectos del guitarrista como Velvet Revolver o Slash's Snakepit.

    MÁS LIBRE

    Así que lo dicho, mucho despistado. Porque en esta ocasión Slash exigía acudir a la cita con la lección bien aprendida -muchos acudieron preparados, cierto también-. Y pareciera incluso liberado por ello, retornando a una banda con un tamaño más manejable y ajena a la presión inherente a Guns n' Roses. Al final es el rock por el rock y eso reina en el ambiente.

    Con esta premisa se sucede un diverso repertorio de guitarras Gibson -incluso una de doble mástil- para canciones como The call of the wild, Halo, Standing in the sun, Ghost, Back from Cali o My antidote, bien recibidas en cualquier caso por las alrededor de 3.000 personas que no llenaron el Ring -la pista solo- del WiZink Center.

    Hay contundencia y en algunos casos urgencia, hay rock duro para todos, aunque también se echa en falta algo más de volumen. The Conspirators tienen mucho oficio y el vocalista Myles Kennedy domina las tablas y canta fácil. De hecho, es uno de los cantantes de rock más sobresalientes del siglo XXI, con un amplio registro vocal y un magnetismo que, sin ser salvaje, convence.

    El bajista Todd Kerns pone el punto punk al cantar We're all gonna die y Doctor Alibi a mitad de un recital que se pone tierno con The one you loved is gone y luego coge velocidad de manera ya irremediable con Mind your manners, Wicked stone y un Slash que corretea, rasga con vehemencia y se lanza a tumba abierta con unos solos pétreos que pueden llegar a hacerse bola pero que, al mismo tiempo, resultan hipnóticos.

    En el tramo final el gentío recibe Nightrain como maná caído del cielo, y rematan la faena Starlight, You're a lie, World on Fire y Anastasia con la banda golpeando como una locomotora quemando carbón a toda máquina. "Myles Kennedy es un 'badass'", acertó a gritar el guitarrista, agradecido por la entrega del respetable durante las dos horas de música.

    Satisfación generalizada. Slash nunca esperó a que nadie le propusiera un 'plan b' cuando salió de Guns n' Roses allá por 1996 y ahora, como es lógico, no está dispuesto a abandonarlo por muchas veces que suene el feliz tintineo de la caja registradora de su recuperada gran banda. Slash transita por su propio camino porque, en realidad, otro plan nunca hay.

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