16 de octubre de 2019
22 de enero de 2017

'Naming' o el arte de nombrar a las empresas

'Naming' o el arte de nombrar a las empresas
EUROPA PRESS

MADRID, 22 Ene. (EDIZIONES) -

Inspirado en la película 'Zorba, el griego', Amancio Ortega acudió en 1975 al Registro Mercantil a inscribir su primera tienda ropa con la intención de llamarla Zorba. Sin embargo, el fundador de este imperio vio su idea frustada tras descubrir que así se llamaba otro establecimiento de A Coruña, por lo que tuvo que jugar con las letras de su denominación inicial hasta dar con lo que es hoy una de las marcas españolas con mayor presencia internacional: Zara.

Pese a que no puede demostrarse si con la propuesta inicial esta marca de ropa hubiera triunfado de la misma manera, la evidencia empírica demuestra que el nombre de una marca ejerce un papel determinante en el éxito de una empresa.

Un nombre que no encaje en la sociedad actual o que no sea recibido por esta con agrado puede generar problemas a la hora de vender productos o servicios, tal y como señala el client services director de Interbrand Eduardo Íñiguez.

Este experto en naming, que ha ideado el nombre de compañías como Bankia, Platea Madrid o la marca de tabaco Camel Essencial, es uno de los numerosos profesionales dedicados a nominar a las empresas.

Conocido coloquialmente como el 'arte de nombrar', la disciplina del naming, que se engloba dentro de la categoría del branding como una estrategia de marketing, es una profesión casi en pañales que proviene del otro lado del Atlántico.

"Para crear un buen nombre no necesitas al mejor creativo del mundo, sino un buen abogado", explica Íñiguez, quien también asegura que la mayoría de las marcas ya se encuentran registradas.

En cambio, el poeta Fernando Beltrán cree que para designar a una empresa se debe partir de cero y examinar todos y cada uno de los factores que inciden en la misma. Desde un conocimiento exhaustivo del campo de juego comercial y social, el léxico, la semántica o la poética de las palabras constituyen la base de esta profesión.

Conocido por ser el padre de nombres como Opencor, Rastreator o Aliada, Beltrán acumula un largo elenco de marcas a sus espaldas. Sin embargo, su proyecto más reconocido y del que asegura sentirse más orgulloso es Amena. "Esta marca mítica, que me cambió la vida, dio nombre a una generación y creó la tendencia en España de los miles de nombres femeninos que vinieron luego", confiesa Beltrán.

Brevedad, musicalidad, evocación o que sea fácil de recordar, son los principales ingredientes que el autor de "El nombre de las cosas", tiene en cuenta para que un nombre tenga éxito, aunque reconoce que en este mundo no existen reglas fijas, por lo que en ocasiones el triunfo reside en romper las reglas.

"De la poesía se vive, pero no se come. Por lo que creé un oficio comercial - del verbo comer- a mi medida y siguiéndole los pasos a aquella frase del poeta Nicanor Parra:" El poeta no cumple su promesa si no cambia el nombre de las cosas", asegura Beltrán, cuya labor como nombrador ha sido recientemente condecorada con la Medalla de Oro del Foro Europeo.

Si hace unos años la etimología de las empresas se caracterizaba por una latinización de los nombres, de cara a los próximos años está tendencia está variando y los expertos en la materia auguran tendencias de cariz tecnológico como consecuencia de la revolución tecnológica.

En cualquier caso, desde que el parque Biológico de Madrid cambió su nombre por Faunia y Panrico decidió sustituir Bollylandia por QE, el éxito de estas marcas tomó otro rumbo.

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