24 de mayo de 2019
6 de noviembre de 2016

Cómo saber si eres un mal jefe

Cómo saber si eres un mal jefe
EUROPA PRESS

MADRID, 6 Nov. (EDIZIONES) -

Para muchos empleados, los jefes protagonizan el dolor de cabeza de las jornadas laborales. Puede parecer un tópico, pero lo cierto es que no es ninguna tontería: la mala gestión del líder merma la productividad de la empresa.

El abuso de poder, una mala actitud o la falta de comunicación constituyen un lastre que puede hundir cualquier proyecto, ya que inciden directamente en la motivación y confianza de los empleados que, al final, son quienes determinan el éxito o fracaso de la compañía.

Si eres un emprendedor o lideras algún departamento de tu compañía, evita caer en estas malas prácticas que a continuación exponemos.

-Falta de comunicación

Si la relación cotidiana entre el jefe y el trabajador no funciona, nadie garantiza que las órdenes se entiendan. No tengas miedo a relacionarte, o no sabrás lo que de verdad piensan y necesitan tus empleados.

Además, es un error que el líder crea que está por encima de los demás y se niegue a debatir con quienes le cuestionen, pues está desperdiciando el talento de sus empleados y la posibilidad de sacar lo mejor de ellos.

-Desorganización

¿Siempre hay emergencias sin soluciones en el día a día de la empresa? Los negocios son impredecibles, pero si los problemas se repiten constantemente y no se halla solución, probablemente nos encontramos ante un jefe incompetente.

La desorganización deja al descubierto a un líder que no ha establecido un plan efectivo para lograr los objetivos de la compañía. El empleado debe saber cuáles son sus tareas, a qué dar prioridad y a qué compañero recurrir para solventar una incidencia.

-Esquivar el trabajo y las decisiones difíciles

Un mal jefe se escabulle en los momentos de crisis o más trabajo, ya sea cogiéndose vacaciones o encerrándose en su despacho bajo el lema "búscate la vida".

Otra peculiaridad de los líderes cobardes es que no deciden, sino que buscan excusas para no tomar ninguna decisión a largo plazo, dejando que los problemas se agraven.

-Liderar a través del miedo

Aunque no está mal demostrar cierta jerarquía, un buen líder no necesita asustar o amenazar a sus empleados para demandar tareas. Las exhibiciones de poder son innecesarias y pueden afectar a los empleados cuando estos vean atacada su dignidad personal o profesional.

Asimismo, son perjudiciales las faltas de respeto hacia los empleados, como las miradas despectivas o una expresión corporal defensiva.

¿Estás constantemente irritado y ansioso? Corrígelo, pues estás disminuyendo la concentración de tus empleados. El autocontrol y la resistencia a la adversidad son cualidades necesarias en los directivos.

-Apropiarse del crédito de los empleados

Hay varias prácticas desleales entre los líderes que consisten en propiciar la lluvia de ideas para robar iniciativas de sus subordinados, o robar el mérito de su trabajo para tratar de impresionar a sus superiores.

Ten cuidado, esto puede hacer que tus empleados no destaquen para castigar esa práctica. Un verdadero líder propicia el desarrollo y la realización profesional de los trabajadores.

-Escasa influencia

Los empleados se sienten infravalorados si perciben que su jefe tiene menos poder que los de otros departamentos, lo que de nuevo afecta a su motivación y productividad. Si un líder pierde la capacidad de obtener lo que exige ante su propio jefe, sus subordinados dejarán de apreciarle.

De igual manera, si no hay otros gerentes que admiren tu equipo podemos encontrarnos ante un problema, pues un buen jefe trata de mantener a los buenos empleados y de corregir la conducta de los que no destacan tanto, en vez de invertir su tiempo en tratar de deshacerse de estos últimos.