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    Una investigadora donostiarra prueba una materia para hacer prótesis corporales con más de 150 años de duración

    SAN SEBASTIAN, 23 Feb. (EUROPA PRESS) -

    Una investigadora donostiarra, Nere Garmendia, ha publicado una tesis doctoral que pone a prueba una materia que podría garantizar que las prótesis corporales durasen más de 150 años, según indicó hoy la Universidad del País Vasco UPV.

    La UPV explicó que, actualmente, las prótesis corporales no duran más de 10-15 años y al cabo de ese tiempo, hay que repetir la operación para cambiarlas lo que suele ser problemático debido a quienes las usan normalmente son gente mayor.

    Según Garmendia, se pueden hacer prótesis que duren más de 150 años mediante un elemento cerámico llamado circona (Zr02), nanotubos de carbono y nanopartículas de circona.

    De este modo, la investigadora donostiarra ha querido demostrar que se puede evitar que las prótesis envejezcan y se agrieten, para lo cual añadió nanotubos de carbono a una matriz de circona, de forma que refuerzan su resistencia.

    En primer lugar reforzó la conexión entre la matriz de circona y los nanotubos, con la intención de mejorar la transferencia de cargas y recubrió los nanotubos con nanopartículas de circona, calentando las nanopartículas más allá de su punto de ebullición (síntesis hidrotermal).

    En un experimento previo con circona micrométrica se concluyó que esta materia acababa muy envejecida al cabo de 12 años, sin embargo, Garmendia destaca que si a la matriz de circona se le añaden los nanotubos de carbono y las nanopartículas de circona que los recubren, la materia seguirá sin envejecer incluso después de 150 años.

    Por otro lado, una vez recubiertos los nanotubos, Garmendia investigó la capacidad de desplazamiento y dispersión del compuesto obtenido en el proceso anterior, y también buscó su densidad óptima. Partiendo de ahí, y con la ayuda de escayola, consiguió las primeras piezas compactas.

    A continuación, Garmendia especificó el número de nanotubos recubiertos que tiene que haber en cada pieza, para conseguir así la mayor densidad posible al final del proceso, ya que, a su juicio, añadir nanopartículas de circona a los nanotubos facilita la dispersión de la materia y reduce su viscosidad, además de ayudar a aumentar la densidad de cara al próximo y último paso: la fase de sinterización.

    En su tesis Garmendia contempla que si la intención es obtener la densidad máxima posible (98%), la composición debe tener un uno por ciento de volumen de nanotubos recubiertos para empezar. Finalmente, hay que sinterizarla en argón durante una hora y a 1.300 °C; ni más, ni menos.

    Garmendia (San Sebastián, 1980) es ingeniera industrial, licenciada en 2003 por TECNUN-Universidad de Navarra y ha realizado la tesis bajo la dirección de Isabel Obieta Vilallonga y Ana García Romero, profesoras del departamento de Ingeniería Minera y Metalúrgica y Ciencias Materiales de la Escuela Técnica Superior de Ingenierías de Bilbao.

    Actualmente trabaja en Inasmet-Tecnalia, donde ha hecho la tesis y también ha colaborado con INSA-Lyon de Francia, el Instituto de Cerámica y Vidrio-CSIC de Madrid, Donostia International Physics Center, Universidad de Barcelona y CINN-CSIC de Oviedo.