23 de octubre de 2019
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    El cambio climático es malo, pero es perfecto para una cosa: el hambre

    • El cambio climático es malo, pero es perfecto para una cosa: el hambre
    Un niño con desnutricíon en República Democrática del CongoWFP/JACQUES DAVID

       WASHINGTON, 21 Sep. (Por el Programa Mundial de Alimentos Estados Unidos) -

       Las noticias sobre el cambio climático están por todas partes. Los expertos medioambientales de todo el mundo han dado la voz de alarma sobre los nuevos patrones climáticos y sus dañinos efectos:

       - Los desiertos se están extendiendo más allá de sus antiguas fronteras, ahogando las tierras fértiles.

       - Las sequías se producen con más frecuencia y duran más de lo que lo hacían en generaciones.

       - Los monzones, tormentas tropicales e inundaciones se producen más a menudo y con mayor fuerza.

       Nuestro clima está en ruinas por todas estas razones y más. Pero para una cosa, el clima está bien. Es el clima perfecto para el hambre.

       A medida que las crecientes temperaturas provocan un clima impredecible, las poblaciones más vulnerables del mundo son las más golpeadas. Aquellos que tienen la menor huella medioambiental --en su mayoría pequeños agricultores y comunidades pobres-- son los que se ven más impactados por los cambios medioambientales.

       Ahora mismo, el 80 por ciento de las personas que pasan hambre en el mundo viven en áreas proclives a desastres naturales y a meteorología extrema, lo que crea precisamente las condiciones adecuadas para que el hambre arraigue.

       Estas son las cinco principales formas en las que el clima extremo lleva al hambre:

       1. La pérdida de cosechas empuja a los niños a dejar la escuela.

       Cuando las cosechas no crecen porque no hay suficiente lluvia, las familias pierden una fuente vital de ingresos, lo que termina afectando a escala global. Más de la mitad de las personas que pasan hambre en el mundo son agricultores pobres y de subsistencia que viven en zonas rurales que cuidan terrenos que son las tres cuartas partes de un campo de fútbol o más pequeños.

          WFP/Hussam al Saleh

       Cuando las familias se enfrentan a una cada vez más intensa pobreza, necesitan a todos los miembros que ayuden a cultivar, almacenar y vender sus cosechas. Esto a menudo significa que los niños son sacados de la escuela para que puedan acarrear el agua y trabajar en los campos.

       Los niños que se pierden la educación tienen menos perspectivas laborales, lo cual perpetúa el ciclo de pobreza y hambre.

       2. La competencia por comida y recursos lleva a violencia y conflicto.

       El conflicto es la causa número uno del hambre en el mundo. Las sacudidas climáticas son la segunda. Sus causas y efectos están estrechamente relacionados. El 40 por ciento de las guerras civiles o conflictos internos son el resultado de la competencia por la escasez de alimentos y recursos. Cuando el clima extremo empuja a la gente a la desesperación, crea un polvorín para la violencia.

          WFP/Guilio d'Adamo

       Cuando estalla, puede provocar la caída del valor de la moneda, un aumento de la inflación y del desempleo y que las infraestructuras se desmoronen.

       Sin estos pilares económicos, la comida se vuelve escasa o prohibitiva, lo que empuja a la población vulnerable al hambre.

       3. Entornos en los que no se puede vivir empujan a las familias a abandonar sus hogares.

       Los huertos se secan. Las casas son arrastradas. Las granjas y las zonas de pesca se inundan. Cuando las familias pierden todo y se enfrentan a un hambre inevitable, dejan sus casas en busca de comida, seguridad y oportunidades. A medida que los extremos climáticos como sequías, huracanes e inundaciones se convierten en más frecuentes y más graves, más personas no tendrán otra elección que la de dejar sus casas.

          WFP/Miguel Vargas

       Se espera que el clima extremo desplace a casi 150 millones de personas para el año 2050.

       4. El hambre golpea más a las mujeres, perpetuando la desigualdad de género.

       Los sondeos en un amplio abanico de países han mostrado que entre el 85 y el 90 por ciento del tiempo que en el hogar se dedica a la preparación de la comida corresponde a las mujeres. Además, en muchos lugares, normas de género desfasadas suponen que las mujeres pasan más hambre cuando la comida es escasa.

         WFP/Rein Skullerund

       Cuando los recursos de agua se agotan por las sequías o las olas de calor, son a menudo las mujeres las que tienen que caminar más lejos para recoger agua limpia para sus familias, y las niñas dejan la escuela para ayudar. En momentos de crisis, el acceso de las mujeres a ayuda puede verse lastrado por la discriminación de género y la violencia sexual.

       En algunos países, la tradición dicta que las mujeres comen las últimas, después de que todos los miembros varones y los niños lo han hecho.

       5. La inestabilidad económica es tanto causa como efecto del hambre.

       Las comunidades pobres carecen de recursos y bienes para afrontar el impacto de los extremos climáticos. Para ellos, no hay nada parecido a un seguro del hogar.

         WFP/James Giambrone

       Cuando un desastre golpea, están en gran desventaja en el largo y lento proceso de reconstruir sus vidas, lo que hace que rápidamente sigan la inestabilidad económica y el hambre.

       Los extremos climáticos crean el escenario para la inseguridad alimentaria generalizada y el conflicto civil. Los programas de resiliencia del PMA abordan estos extremos desde todos los ángulos posibles. Estos son solo algunos:

       - Comida por recursos. A través de este programa se ofrece comida a las personas a cambio de trabajo en recursos para la comunidad como puentes, presas y sistemas de regadío. Estos proyectos ayudan a las comunidades a enfrentarse al clima extremo y tener beneficios extra como promover la nutrición y la igualdad de género.

       - Rehabilitación de tierras. El PMA ayuda a las comunidades a restaurar terrenos degradados, diversificar sus cultivos y construir huertos comunitarios. Un proyecto en Sudán del Sur incrementó el terreno agrícola en un 27 por ciento en solo dos años hasta el equivalente a más de 17.000 campos de fútbol.

       - Desperdicio de comida. En el África Subsahariana, los agricultores pierden hasta el 40 por ciento de su cosecha durante la estación seca, que cada año dura más. Recipientes herméticos les permiten ahora hacer frente a la falta de lluvia y almacenar su grano durante meses, reduciendo sus pérdidas a menos del 3 por ciento.

       Tú puedes apoyar estos esfuerzos. El cambio climático no está en camino, ya está aquí. Para conocer más de lo que el PMA está haciendo para ayudar a las personas a hacerle frente, puedes visitar nuestra página Cambio climático y hambre.