29 de febrero de 2020
24 de mayo de 2008

Crónica R.Unido.-El laborismo teme el daño que haría precipitar la salida de Brown y le pide cambios para recuperarse

El primer ministro afronta dos citas políticas que desafiarán su continuidad y su propio gabinete duda de sus posibilidades electorales

LONDRES, 24 May. (de la corresponsal de EUROPA PRESS, Eva Martínez Millán) -

El Partido Laborista británico ha abierto un período de reflexión sobre la conveniencia de la continuidad de Gordon Brown ante la imparable pérdida de confianza experimentada cuando no se ha cumplido un año de su llegada al poder y, tras el fracaso en las elecciones parciales del jueves, asumidas en Reino Unido como un referéndum sobre su figura, ha empezado a reclamar cambios en la gestión para recuperar el apoyo de los ciudadanos y evitar una debacle en las generales de 2010.

La pérdida del escaño de Crewe y Nantwich por primera vez en la historia ha agravado una crisis iniciada meses atrás con el distanciamiento entre las bases del partido y el Gobierno por cuestiones estructurales como la política financiera o la lucha antiterrorista y que quedó certificada por el severo recorte del prestigio del primer ministro ante la opinión pública, según todas las encuestas, que revelan una caída de popularidad inédita en décadas.

La maltrecha imagen de Brown, que insiste en atribuir los problemas a la preocupación por la economía, ha arrastrado a los laboristas en su conjunto, que vieron cómo los comicios locales del 1 de mayo los relegaban a tercera fuerza del país a casi 20 puntos de los conservadores y que aparecen en todos los sondeos a distancias de los 'tories' no vistas desde los tiempos de hegemonía de la ex mandataria Margaret Thatcher.

Una inquietud que ha conducido a los propios miembros del Ejecutivo a considerar imposible la cuarta victoria consecutiva en las generales con Brown como cabeza de cartel, según aseguran todos los diarios de referencia en las islas, y a numerosas personalidades del partido con responsabilidades vigentes o cargos destacados en el pasado a reclamar públicamente un giro de timón que permita recuperar fuelle.

Así, tan sólo un diputado, Graham Stringer, ha demandado de forma directa la necesidad de que el mandatario abandone, si bien el consenso generalizado asume por primera vez de explícitamente la gravedad de la situación y la necesidad de reaccionar. Con todo, Brown se ha encontrado con aliados sorprendentes como el ex viceprimer ministro de Tony Blair, John Prescott, crítico con su personalidad en sus memorias y que, pese a haber llegado a recomendar al anterior mandatario que se deshiciese de él cuando ostentaba la cartera del Tesoro, apeló hoy a concederle tiempo.

MAL MENOR

En este contexto, los laboristas se encuentran en la encrucijada de diagnosticar el mal menor ante las trascendentales legislativas de 2010 y han evaluado los perjuicios aún mayores que podría ocasionar una salida precipitada de Brown, para muchos una declaración oficial de alerta que conduciría de forma automática a David Cameron al número 10 de Downing Street 13 años después de la salida de John Major, el último 'tory' que habitó en la residencia oficial.

No obstante, el partido ya ha enviado a Brown un mensaje de advertencia por boca de uno de sus veteranos, el titular de Justicia, Jack Straw, quien según el diario 'The Times' habría sido la pasada noche el encargado de informarle de la pérdida de confianza sufrida y la necesidad de renunciar a no ser que se produzca un giro radical en la suerte de la formación. Un encargo, sin embargo, delicado para el ministro, situado entre los miembros de la vieja guardia laborista mejor posicionados para una virtual sucesión.

Así, los dos trances inmediatos para el liderazgo del primer ministro se reparten entre la cita del Grupo Parlamentario del 2 de junio, en la que si sigue sin convencer podría generar una corriente que reclamase públicamente su salida, y en mayor medida el congreso que el laborismo celebrará en septiembre en Manchester, que supondrá un punto de inflexión para el futuro de la formación a medio y largo plazo, puesto que decantará casi definitivamente la balanza en torno a las posibilidades del dirigente escocés de concurrir a las generales.

OPCIONES

En este sentido, el debate se reparte entre cerrar la crisis que desencadenaría la pérdida del poder con la construcción de un nuevo liderazgo desde la oposición, o promover una alternativa antes de 2010 que aumente las opciones de mantener la mayoría que los laboristas ostentan en el Parlamento desde 1997. No obstante, esta opción queda difuminada por el daño inherente que este candidato debería gestionar por un cambio de cartel precipitado, frente a un Partido Conservador que ha cerrado filas en torno a su líder.

Con todo, el propio Brown ha confirmado su intención de continuar pese a las presiones recibidas y mantiene el guión por el que responsabiliza de la pérdida de confianza a la preocupación de los ciudadanos por una crisis económica que, según incide reiteradamente, asola a todos los países. No obstante, considera que es la persona adecuada para "guiar al país en estos tiempos difíciles" tras una década como gestor de las arcas públicas, una opinión que cuenta con relativo eco entre sus filas, que asumen que el incremento de los hidrocarburos y de los alimentos no ayuda al Ejecutivo.

Pese a ello, desde los comicios del jueves han aumentado las especulaciones acerca de los nombres que se barajan para tomar el testigo, que presentan dos corrientes diferenciadas: la de los miembros del Gabinete experimentados como Straw o el ministro de Sanidad, Alan Johnson, o los más jóvenes, que se encargarían de tomar las riendas para un período más a largo plazo en el que intentar conducir de nuevo al laborismo al poder y entre quienes destacan el titular de Exteriores, David Miliband, el secretario de Estado de Trabajo y Pensiones, James Purnell, o el parlamentario Andy Burnham.