Hamás y Al Fatá, cada vez más cerca del diálogo un año después de la toma de poder en Gaza

Actualizado: sábado, 14 junio 2008 19:56

MADRID, 14 Jun. (EUROPA PRESS) -

El Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) conmemora hoy el primer aniversario de su toma de poder en la Franja de Gaza. Para todas las partes implicadas, menos para Israel, el reparto de poder actual en los Territorios Palestinos no puede mantenerse durante más tiempo. Para todos menos para Israel, que ha intentado colapsar la autoridad de Hamás en la zona desde hace meses. El acuerdo de La Meca (en febrero de 2007) y la declaración de Saná (en marzo de 2008), acompañados de la mediación diplomática han puesto de relieve que la situación actual no es una realidad normal y que el Gobierno en Cisjordania de la Autoridad Palestina no es representativo de toda la población.

Hace 10 días, con ocasión del aniversario de la guerra de 1967, Mahmud Abbas, proclamó un discurso televisado en el que llamaba a la unidad incondicional de las filas, sin exigir disculpa alguna a Hamás, o a la reasunción del estatus antes de la toma de poder del 14 de junio de 2007.

Hamás no tardó en aceptar esta iniciativa. Abbas se reunió a principios de esta semana con el presidente egipcio, Hosni Mubarak, y después con el rey saudí Abdulá para que ambos líderes auspiciaran un encuentro con Hamás, cuyo líder en el exilio, Jaled Meshal emprendió su propia ronda de conversaciones tanto con Mubarak como con el ministro de Exteriores sirio, Walid Moallem. El primer ministro de Hamás y cabeza del Gobierno en Gaza, Ismail Haniyeh se comprometió a hacer todo lo posible para asegurar el éxito del proceso, según el diario 'Haaretz'.

Ante los temores de Estados Unidos, Egipto acordó albergar una reunión en la que Hamás y Al Fatá --el movimiento encabezado por Abbas-- pondrán las cartas sobre la mesa: el presidente de la Autoridad Palestina ha insistido en que sus condiciones para la paz no han cambiado, pero ya no constituyen una condición sine qua non antes de comenzar el diálogo, con el que se especula que podría desembocar en la convocatoria de elecciones anticipadas.

Representantes de Hamás y de la Autoridad Palestina creen que el diálogo puede ser más fructífero ahora que en el pasado, porque ambas partes consideran de forma tácita que ya no pueden conseguir más de lo que tiene. El grupo islamista no puede presentar este aniversario como un éxito de su Gobierno en Gaza, pero al mismo tiempo la Autoridad Palestina se ha mostrado ineficaz a la hora de arrancar concesiones a Israel. La amenaza de una ofensiva israelí sobre la Franja de Gaza --de tener lugar-- colocaría a Hamás y Al Fatá en la misma trampa, y retrasaría la reanudación del diálogo político.

LA PRESIÓN ÁRABE

La presión árabe procedente de Arabia Saudí, Egipto y Siria ha jugado un papel predominante. Estos estados se han dado cuenta de que la lucha entre Al Fatá y Hamás, así como la toma de poder del movimiento islamista sobre la Franja, no ha conseguido neutralizar la influencia de la organización islámica, sino que ha presionado al Gobierno de El Cairo y posibilitado el incremento de la influencia iraní en la zona.

La postura de Israel, completamente escéptica y recelosa de un acercamiento entre Hamás y Al Fatá, impide al Ejecutivo de Ehud Olmert entender que ahora mismo le vendría muy bien algo de tranquilidad en la zona, en un momento en el que se ha mostrado incapaz de adoptar decisiones diplomáticas.

De llegar a un acuerdo, el proceso de reconciliación entre Hamás y Al Fatá se pronostica difícil y largo, a la luz del fracaso del Gobierno de unidad nacional. Pero al menos será posible gobernar los elementos básicos que permiten la vida en la Franja --alcantarillado, suministro de agua y electricidad-- de una forma razonable.

SIRIA

El diálogo interno palestino no está desconectado de la realidad siria. Las ambiciones diplomáticas del líder qatarí, Hamad bin Jalifa al Thani, no resultaron satisfechas tras la reunión de Doha --que estableció las líneas básicas para solucionar el conflicto en Líbano--. Ahora, Thani espera albergar una minicumbre a la que asistiría tanto el presidente egipcio, como Arabia Saudí y el presidente sirio.

Las intenciones de Qatar no deberían ser interpretadas como una actitud filantrópica por parte del reino árabe. Además, Siria ha jugado un papel importante en la cumbre de Doha, cuyo acuerdo marco concluyó con el nombramiento del nuevo presidente libanés, Michel Suleiman, que disfruta del apoyo de Damasco. El comportamiento de Siria en este encuentro revalorizó su posición en la región y su reputación en relación a sus vecinos.

Por su parte, es de sobra conocido que Egipto no pondría objeción a suavizar las relaciones con Siria si Arabia Saudí lo acepta. Hasta que el reino árabe dé su consentimiento, Egipto mantendrá la distancia, como sucedió esta semana cuando el presidente Mubarak rechazó atender a una cumbre organizada por el líder libio, Muamar Gadafi, a la que también tenía previsto asistir el dirigente sirio, Bashar al Assad.

Para aliviar el camino hacia la reconciliación tras el cruce de acusaciones después del asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri en 2005, se espera que a final de mes el presidente sirio anuncie la apertura de una embajada en Líbano: la primera vez que Siria reconozca a Líbano como un país independiente, y respalde tal reconocimiento con acción diplomática. A Al Assad se le ha asegurado que tal gesto no quedará sin recompensa. Cuando Siria abra su embajada en Francia, el presidente galo, Nicolas Sarkozy asistirá al evento. "Sarko", además, ya ha anunciado que ejercerá de anfitrión personal en la próxima conferencia de países mediterráneos que tendrá lugar en la capital francesa a mediados de julio.

La iniciativa de Sarkozy puede no sentar bien a la actitud, ya de por sí desconfiada, que Washington ostenta respecto a Siria, pero en un momento en el que Al Assad podría afianzar lazos con sus vecinos y perseguir una política independiente en la región, París bien podría ejercer de puente entre Washington y Damasco. Aprovechando esta situación, Al Assad debería contribuir al proceso de reconciliación entre Al Fatá y Hamás, animando a este último grupo a que adopte las fórmulas pertinentes para el proceso de paz, como la iniciativa árabe de 2002.