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    Un accidente laboral deja a un trabajador sin papeles postrado en una silla de ruedas y sin ayuda

    La mujer de la víctima denuncia que los dueños de la finca donde trabajaba le ocultaron la gravedad de la situación de su marido

    VILLANUEVA DE LA CAÑADA, 20 Dic. (EUROPA PRESS) -

    La vida de Gavril Gavris dio un giro radical el 20 de septiembre de 2008. Ese día sufrió un accidente laboral en la finca de caballos donde trabajaba que le dejó postrado en una silla de ruedas para siempre, sin embargo, su condición de trabajador 'sin papeles' ha hecho que hasta el momento no haya recibido ninguna ayuda oficial.

    Así lo ha explicado a Europa Press Gavril, de nacionalidad rumana, quien no puede evitar derrumbarse al recordar el momento en que le cayó encima una bala de paja de más de 300 kilos de peso. Lesionado de por vida, afirma que, desde entonces, le han sucedido una serie de desgracias que han dejado marcada a esta familia.

    "Mi hijo, que me ha visto así sabiendo que no me voy a recuperar, se puso muy triste y luego se quitó la vida. Dejó una nota en la que decía que no podía aguantar más. No me escribió nada, sólo que no podía aguantar más", explica Gravis, de 44 años.

    Tras el accidente ingresó en el Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo donde permaneció nueve meses, tiempo durante el cual tanto él como su mujer pensaban que se iba a recuperar, pues, según aseveran, así se lo hizo saber el dueño de la finca de caballos de pura sangre para la que trabajaba desde que se trasladó a España.

    "Me engañó durante mucho tiempo y no me dijo nada. Me dijeron: 'he hablado con tu mujer y te voy a pagar todo porque tengo un seguro muy bueno'" lamenta el afectado, quien reconoce que se enteró de la gravedad de la situación por su mujer. "Después de seis meses mi mujer me dijo: 'Gavril, ¿tú sabes que no vas a poder andar nunca más? Y claro me puse triste", recuerda.

    Corina, la mujer de Gavril, va más allá. Asegura que el jefe de su marido le dijo que se trataba de un "accidente doméstico" y "que se iba a encargar de todo, que le iba a pagar" con un seguro "muy bueno". Efectivamente, le estuvo pagando "siete meses, hasta que se enteró que se quedó parapléjico", después de ese tiempo no volvieron a saber más de él.

    "Ellos no me contaban qué grave está Gavril porque yo no entendía muy bien la gravedad, no sabía hablar muy bien castellano. Ellos siempre me contaban que se estaba curando. Después de siete meses que nos enteramos por la doctora, y luego ellos me estaban engañando. Ahora no me ayudan con nada", relata Corina.

    Sin embargo, la familia ha contado con un gran respaldo, el de su casera, quien, tras enterarse de lo ocurrido a Gavril decidió no cobrarles la renta para ayudar económicamente a la pareja, dado que, tras lo ocurrido no podían hacer frente a los gastos.

    "Nuestra casera nos paga la casa y nos paga todo y la gente del pueblo, muchos que me han visto en la tele y saben lo que me ha pasado me pagan con alimentos, con ayuda, con ropa de todo. Hay un chico rumano que me dio dinero cuando se murió mi hijo", relata Gavril.

    "SI TE PASA ALGO NO TE RECONOCEN"

    No obstante, siguen esperando las ayudas oficiales. Corina y Gavril contactaron con una abogada poco antes de cumplirse un año de lo ocurrido para reclamar ayudas y subsidios al Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada y la Comunidad de Madrid, pero la respuesta no ha sido la esperada.

    "Me fui al servicio social para pedir ayuda. No me ha ayudado cuando yo lo pedía. Me ha dado un poco después de que salimos más en la tele", afirma Corina, quien añade que, según el Consistorio, no tienen derecho a prestaciones de la Ley de Dependencia porque Gavris no lleva más de cinco años en España. Aún así, sí le otorgaron dos ayudas en el último medio año, una de 400 euros en verano y otra de 300 ahora, para, según relata la mujer, "que pasemos la Navidad mejor".

    "Quiero justicia por todo lo que me ha pasado y todas las mentiras que me han dicho. Yo ahora no tengo nada", remacha Gavril. Corina se adhiere a la reivindicación de su marido y recuerda el "engaño" al que fueron sometidos por parte de los dueños de la finca tras ocurrir el accidente. "Nosotros venimos aquí a España para una vida mejor, buscamos trabajo, somos trabajadores, y cuando te pasa algo, no te reconocen", añade la mujer.

    Ahora, el caso está en los tribunales. Pero no todo son malas noticias para este matrimonio rumano. De nuevo una mano solidaria ha salido de la nada para costearle a Gavris un centro de día en el que poder hacer rehabilitación, un aliciente que empuja a este amante de los caballos a seguir luchando para que se reconozcan sus derechos.