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    Antonio Pérez Henares.- Más allá de la sentencia

    MADRID, 15 Oct. (OTR/PRESS) -

    Sin que apenas nadie se hubiera leído ni por encima la sentencia del Supremo contra los cabecillas separatistas, ayer a las nueve de la mañana el opinadero nacional se puso a disparar. Arreció la balacera iniciada el viernes con la filtración de los delitos por los que eran condenados y que ha manchado, sin que el Presidente del Tribunal ni los magistrados tengan en ello responsabilidad alguna pues se ha producido en escalones inferiores del entramado judicial, la ejemplaridad de un proceso donde las garantías de los acusados han sido escrupulosamente observadas. El lunes el tiroteo mediático ya se hizo general. Así que añadir una bala más no viene a cuento y mejor en eso no entrar. Es la sentencia de nuestro Tribunal Supremo. Y creo que saben bastante más de leyes que yo.

    Han condenado a los acusados por Sedición y Malversación y no lo han hecho por Rebelión. Las condenas, para los cabecillas más sedicentes, nunca mejor dicho, oscilan entre los 13 años a Junqueras y los 9 a Forn. El delito de rebelión pedido por la fiscalía, al decir de los juristas de muy diversos sectores, tenía complicado encaje, aunque fuera la voluntad de sus actores, en el entramado penal y podía ser derruido en una sentencia europea. La Conspiración para la Rebelión parecía más plausible y se susurra que tenía mayoría en el Tribunal pero se renunció a ella en aras de la unanimidad y de que no existieran votos particulares en contra. La condena ha decretado Sedición e impuesto las penas previstas para tal delito. El fleco suelto es ahora cuánto y cómo las van a cumplir y se barrunta que ello va a ser el motivo mayor de agravio y disgusto que una buena parte de la ciudadanía pueda sufrir con ello. Y ahí lo dejo.

    Porque en medio del ruido ensordecedor de los millones de juristas sobrevenidos que pululan por las redes y los bares, hay ciertos elementos que me parecen ahora los más determinantes para el futuro. El primero cual va a ser el alcance de la reacción de los separatistas, su grado de movilización, de coacción y de lograr o no paralizar el territorio catalán y por cuanto tiempo. Y, unido inexorablemente a ello, cual la respuesta del Gobierno y de los partidos políticos. Los que apoyan la Constitución, los que no, como Podemos, pero no se atreven a decirlo, y los que quieren acabar con ellas para hacer cachos España. Esta va a ser la cuestión más esencial y definitiva por la que vamos ahora a transitar y de lo que sucede y como se substancia va a depender en buena medida el futuro de todos, el de Cataluña y el del conjunto de España que en menos de un mes tiene que ir a votar.

    Pero hay más y algo que va a aflorar como elemento muy decisivo empezará ya a tomar cuerpo, algo que pudo pasar y tal vez hubiera sido mejor que pasara ya antes. El prófugo Puigdemont y su cuadrilla se beneficiaron de su huida y perjudicaron a quienes se presentaron ante la Ley. Siempre pensé y mantengo ahora también, que a pesar de que a la juez Lamela y al juez instructor Llarena no les quedara otro remedio debido al "riesgo de fuga" evidenciado por los huidos el haber aplicado a los procesados medidas cautelares muy duras en vez de la prisión provisional no hubiera sido para nada perjudicial. Ahora se vuelve en este sentido al cajón de salida. Los encausados han sido condenados. Los prófugos va a encontrarse de inmediato en la más difícil situación. Por los dos costados. Por el de la Justicia que ahora no tardará en reavivar las peticiones de entrega bajo el mismo delito al que los otros han sido condenados y por parte del propio secesionismo que también esta midiendo y rebobinando hacía una salida que cada vez es reclamada por más de sus propias filas, conscientes de que se les está pudriendo la situación. Puigdemont está jugando la baza más extrema y al lado de los más extremistas. Pero no parece, y espero no equivocarme en esta única predicción, que aunque la tensión pueda alcanzar grados muy duros, se vaya a llegar a una nivel de consecuencias dramáticas y de convulsión total. Y eso no quiere decir que si la situación lo requiere no haya que aplicar la ley de Seguridad Nacional o el 155. Se aplican si es menester que para eso están.

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