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    Francisco Muro de Iscar.- ¿Hay lugar para la moderación?

    MADRID (OTR/PRESS)

    ¿Hay espacio para la moderación en esta España de hoy donde falta talento a derechas e izquierdas para encontrar soluciones a los problemas y donde solo se persigue el poder a cualquier precio? Estos próximos días van a ser muy importantes para nuestro futuro como nación y como Estado, pero también, sobre todo, para la convivencia entre españoles. Y todo parte de una premisa: el respeto a la ley, el respeto a la justicia, el respeto, en definitiva, a la democracia. Todos sabían, especialmente los líderes catalanes que han acabado en la cárcel, que habían transgredido la ley y que eso tendría consecuencias legales: penas de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos. Otra cosa era el grado de esas sanciones. Con ser importante, es menor.

    Todos sabían, desde Jordi Pujol a Quim Torra, pasando por Artur Mas, Puigdemont o Junqueras, que el camino que habían emprendido terminaría ante el muro del Estado de Derecho. Seguramente pensaban que no se iban a atrever a aplicar esa ley, porque muchos de esos personajes no creen en la independencia, de los poderes, especialmente en la independencia de la Justicia, y tienen un sentido patrimonial del Estado y un escaso respeto por el Gobierno de la nación, fuera del PSOE o del PP. Llegaron al precipicio y cayeron. Lo malo es que han arrastrado a una parte importante de la población catalana -no a la mayoría, pero sí a muchos- prometiendo una república que era imposible de alcanzar. Y por unos métodos que ni son legales ni son democráticos.

    Hay que estar muy atentos en estas horas a cuál es el comportamiento del Gobierno en funciones, de la oposición democrática, de los líderes catalanes, desde Quim Torra al presidente del Parlament, y a los propios encausados. Hace falta sentido de Estado, una mirada al futuro, un respeto absoluto a la decisión de los jueces, una cierta generosidad que no se puede traducir en indultos sino en diálogo y una capacidad política para negociar dentro de la ley.

    Pero también y de una manera muy importante hay que pedir eso mismo -serenidad, talento y altura de miras- al catalanismo democrático que ha sido borrado del mapa por la presión del independentismo y por su propio silencio durante mucho tiempo. No me creo que sean mayoría los catalanes que quieren la ruptura a cualquier precio -al estilo suicida del Brexit de Boris Johnson-. No me creo que los empresarios catalanes -desde Foment a la más pequeña patronal- crean que Cataluña tiene un futuro mejor, incluso un futuro, rompiendo con España y con Europa. No me creo que millones de catalanes, que han hecho de la moderación y la apertura su bandera, prefieran la fractura social, fraternal y política al progreso. No me creo que no haya una marea de moderación para deshacer esa fractura que enfrenta a muchos catalanes con una parte del resto de los españoles. Todos tenemos responsabilidad en lo que pase después de la sentencia. Ni la violencia ni el desacato a la ley. Decía Ortega que "vivimos rodeados de personas que no se estiman a sí mismas y casi siempre con razón". Me preocupan más todas esas personas que se estiman tanto a sí mismas que quieren llevar a millones de personas a tirarse por el precipicio.

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