3 de agosto de 2020
11 de julio de 2020

Un conflicto sin fronteras sigue avanzando en el Sahel

  • Un conflicto sin fronteras sigue avanzando en el Sahel
Desplazados por la violencia en Burkina FasoCICR - ARCHIVO

El CICR alerta de que la pandemia viene a sumarse a un deterioro de la seguridad y la crisis alimentaria en los últimos meses

GINEBRA, 11 Jul. (Por Patrick Youssef, director regional para África del Comité Internacional de la Cruz Roja) -

Cuando el brote de COVID-19 llevó a un alto el fuego mundial, los enfrentamientos en la región del Sahel no cesaron. En la región de Liptako Gurma, que abarca zonas de Burkina Faso, Malí y Níger, la situación de seguridad y la crisis humanitaria se han deteriorado significativamente en los últimos meses.

Las líneas de frente están cambiando de forma constante, lo que significa que la gente siempre está en movimiento para ponerse a salvo. Pero el conflicto no es el único peligro al que se enfrentan; el cambio climático y la pandemia de COVID-19 también están afectando las vidas de millones de personas.

En el Sahel, la violencia armada, la falta de alimentos, la débil presencia o la completa ausencia de las autoridades públicas y la crisis económica han llevado a más de un millón de personas a verse desplazadas, mientras que otras han optado por unirse a los grupos armados.

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En Burkina Faso, las armas confieren poder y están llevando a niveles sin precedentes de violencia. Más de 900.000 personas han huido de los enfrentamientos, dejando atrás sus casas y medios de vida. Personas que han sido detenidas han desaparecido, localidades han sido saqueadas y escuelas y hospitales destruidos.

A medida que el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario se ha visto erosionado, las autoridades públicas se han ido desvaneciendo hacia la retaguardia y los servicios públicos han sido abandonados. En la provincia de Udalan, 29 centros de salud han cerrado, dejando a casi 300.000 personas sin acceso a atención de salud primaria.

Las necesidades de la población son enormes, por eso estamos apoyando a los centros de salud en las zonas de más difícil acceso y distribuyendo ayuda y suministros de higiene a los más vulnerables en los centros de detención y los campos de desplazados.

Distribuir ayuda humanitaria en zonas de conflicto es una tarea arriesgada y extremadamente compleja en términos logísticos, particularmente debido a que la región es muy vasta. Como intermediario neutral e imparcial, estamos negociando nuestra presencia con todas las partes en el conflicto --con las Fuerzas Armadas nacionales, las fuerzas internacionales y los grupos armados no estatales--.

Les estamos recordando su obligación de respetar, en todo momento y sin discriminación, tanto las instalaciones como al personal sanitarios, así como la vida y la dignidad humana.

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LOS DESPLAZADOS Y SUS VULNERABILIDADES

En Liptako Gurma, la violencia en aumento está impidiendo que las personas puedan moverse libremente. Comunidades enteras de pastores y agricultores no pueden acceder a tierras o pastos, perdiendo por tanto su principal fuente de ingresos.

Este conflicto sin fronteras está desarrollándose en toda la región del Sahel. A medida que las líneas de frente están cambiando constantemente, muchas familias se han visto obligadas a huir una y otra vez, y sus vulnerabilidades se han multiplicado. Nuestra preocupación es que esas vulnerabilidades se están volviendo irreversibles; cada vez que la gente se ve desplazada, la cohesión social se fractura de nuevo y están un paso más cerca de no ser capaces de sobrevivir.

EMBATES CLIMÁTICOS

El cambio climático está aumentado la vulnerabilidad de la población durante la estación de carestía. Con recursos naturales limitados y un clima volátil, caracterizado por altas temperaturas la mayor parte del año y lluvias erráticas, algunos países solo se las están apañando para mantener la seguridad alimentaria y económica.

La incertidumbre creada por el cambio climático y la presencia de grupos armados está reduciendo el número de rutas que los pastores pueden usar para trasladar a su ganado.

Los pastores ahora tienen que mover a sus animales mucho más pronto y durante periodos de tiempo más largos para encontrar tierras para pastar. En lo que se refiere a los agricultores, se esfuerzan por cosechar suficientes cereales y vegetales.

La competición por los escasos recursos, las pobres perspectivas económicas y la presión demográfica en aumento constante están creando tensiones entre agricultores y pastores, que a menudo degeneran en violencia intercomunitaria.

La pandemia de COVID-19 es ahora parte de la ecuación y también está teniendo un impacto económico negativo. Nos preocupa que la población no tenga acceso a los recursos que necesita para sobrevivir esta última sacudida.

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UNA RESPUESTA DE SEGURIDAD NO ES SUFICIENTE

La región del Sahel no puede contar con soluciones políticas para aliviar las tensiones y crear el espacio que pueda llevar al desarrollo. Para las personas que viven en la región, el futuro incierto es como una condena de muerte, ya que corren el riesgo de verse atrapados repetidamente por el conflicto. "No hay nada peor para los pastores que perder todo su ganado y tener que depender de la ayuda", explica Maina, un pastor en la región nigerina de Diffa.

La acción humanitaria es la única vía con la que podemos ayudar a los desplazados por esta crisis, pero no seremos capaces de cumplir con todas sus necesidades por nuestra cuenta, en el corto o en largo plazo. Una respuesta de seguridad simplemente no es suficiente, también tiene que haber un impulso del desarrollo para encontrar una solución duradera a la crisis.

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